No sé qué escribir. Como siempre.
Quisiera correr y escapar de esta jaula que me lleva con
pasos lentos hacia la muerte. Quisiera dejar de respirar si me lo propusiera,
quisiera que se me parara el corazón si lo deseara. Quisiera una muerte rápida
y sin dolor si lo único que puede hacer mi vida es empeorar.
Llevo semanas encerrada en mi habitación, sin comer, sin
hablar con nadie, sin ducharme, con la única compañía del ordenador y del
tabaco.
“La solución solo la tienes tú. Sí, tú, la persona en la que menos confías.” Mi psicóloga, intentando hacerme mejorar.
Comprar cinco euros de hachís y descargarme los mejores
temas de Bob Marley ha sido lo mejor que he hecho esta última semana. He
conseguido sentirme bien cuando iba colocada. Logré olvidar quién era, olvidé
que tenía depresión, olvidé que estaba faltando a clase y eso me hacía
suspender inmediatamente un par de asignaturas. Olvidé que odiaba a mis padres.
¡Joder, olvidé quiénes eran mis padres! A la mierda la familia, a la mierda la
psicóloga, a la mierda los psiquiatras. Dame maría y olvidaré la tristeza y me
sentiré genial por una vez en estos dos putos meses.
La vida es para los fuertes o para los suertudos. Y yo no soy nada de eso.




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